
14 de octubre de 2025
El correcto diseño del calorífugado es determinante en instalaciones industriales para lograr eficiencia térmica, seguridad y durabilidad. En ese sentido, la elección de materiales calorífugos adecuados —que respondan a las condiciones de temperatura, humedad, compatibilidad y normativa— puede marcar la diferencia entre un sistema confiable y uno problemático. A continuación analizamos tres familias muy utilizadas: lana de roca, elastómero (espuma de célula cerrada) y vidrio celular (foamglas). Compararemos su comportamiento térmico, resistencia, instalación, costes y aplicaciones idóneas.
La lana de roca (o lana mineral) está fabricada a partir de roca volcánica fundida y convertida en fibras. Estas fibras crean multitud de bolsas de aire que ralentizan la transferencia de calor. Su conductividad térmica típica se sitúa entre 0,030 y 0,040 W/m·K dependiendo de la densidad y temperatura.
Además, la lana de roca es permeable al vapor de agua (no actúa como barrera de vapor), lo que facilita que el vapor interno no quede atrapado, aunque también requiere que el diseño del aislamiento incorpore control de humedad.
Una de sus grandes ventajas es su resistencia al fuego: es incombustible y clasificada como Euroclase A1, soportando temperaturas elevadas sin perder integridad estructural. También tiene buena estabilidad dimensional frente a cambios térmicos y no se deforma fácilmente.
Las espumas elastoméricas para aislamiento térmico son polímeros (por ejemplo, NBR o EPDM) con estructura de célula cerrada, lo que significa que no permiten que el vapor o líquidos penetren fácilmente. Su conductividad térmica típica ronda 0,030‑0,038 W/m·K, dependiendo de la temperatura y la fórmula del fabricante.
Además, muchas de estas espumas incorporan una “piel” o revestimiento que actúa como retardante de vapor, reduciendo la necesidad de una barrera adicional.
La estructura de célula cerrada, junto con su baja permeabilidad al vapor, hace que el elastómero sea excelente para prevenir la corrosión bajo aislamiento (CUI). Esto lo hace muy recomendable en tuberías frigoríficas, circuitos de refrigeración y ambientes donde la humedad es un riesgo.
Se presenta en tubos, tiras o planchas flexibles que facilitan su montaje incluso en superficies curvas. Su naturaleza flexible reduce la aparición de grietas o huecos en las uniones. En cuanto al comportamiento al fuego, aunque no es incombustible como la lana de roca, los fabricantes someten estos materiales a pruebas de combustión superficial (propagación de llama, humos) para cumplir normas de seguridad.
El vidrio celular (también llamado “foamglas” o vidrio expandido) es un aislante rígido hecho de vidrio reciclado que se somete a un proceso en el que se generan burbujas cerradas, resultando en un material con estructura celular hermética. Como todas sus celdas están completamente selladas, no permite la penetración de vapor ni humedad.
Su conductividad térmica también es baja, aunque tiende a ser ligeramente más elevada que la lana de roca en rangos similares, pero compensa con otras ventajas.
Una de sus propiedades destacadas es su impermeabilidad total: ni el agua ni el vapor la atraviesan. Por tanto, el vidrio celular actúa como barrera de vapor intrínseca. Esto elimina el riesgo de condensación interna y corrosión bajo aislamiento.
Es rígido, no se deforma con el tiempo y soporta cargas de compresión elevadas, lo que lo hace apto para aplicaciones estructurales o revestidas con cargas superiores. Además, es incombustible y estable en el tiempo, sin degradarse químicamente.
Para rangos térmicos elevados (calderas, vapor, hornos), la lana de roca es frecuentemente la opción más equilibrada, gracias a su robustez térmica y resistencia al fuego.
Para circuitos fríos, refrigeración y ambientes con riesgo de condensación, el elastómero destaca por su impermeabilidad parcial y su capacidad para prevenir corrosión bajo aislamiento.
Cuando el control de humedad es crítico o se exige impermeabilidad total, el vidrio celular es la opción más técnica y eficaz, particularmente para cubiertas, suelos o aplicaciones estructurales que requieran barrera de vapor integrada.
La elección entre estos materiales calorífugos depende del escenario operativo: temperatura, exposición a humedad, requisitos de fuego, geometría y costes. La lana de roca ofrece una solución versátil y robusta; el elastómero brinda un buen equilibrio en manejabilidad y protección ante humedad; el vidrio celular aporta impermeabilidad extrema y estabilidad estructural.
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